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domingo, 11 de dezembro de 2011

A mi hijo lo dejaron morir. Minutos antes contó a su hermana por teléfono su agonía


Comienza el juicio en Barcelona por un hombre que falleció solo en un hospital privado - Minutos antes contó a su hermana por teléfono su agonía
Pere Ramos Barril tenía 40 años, era soltero y murió "abandonado" hace ahora dos años en un hospital de élite de Barcelona que se publicita como un centro de referencia para enfermedades cardiovasculares.

PERE RÍOS – Barcelona ELPAIS

Los médicos le diagnosticaron una arritmia y eran conscientes de que en cualquier momento se le podía parar el corazón, pero no le dieron el tratamiento que debía. La muerte le llegó en la más absoluta soledad y abandono en su habitación, después de mantener una agónica conversación con su hermana en la que le explicaba su estado. Cuando el hospital reaccionó ya era tarde. El enfermo fue hallado muerto en el suelo, junto a su cama.
Dos años después de la muerte, el caso llega a juicio y el lunes se celebrará la vista en Barcelona. La familia, representada por el abogado Rafael Núñez, ve más que demostrado que ocurrieron un "conjunto de deficiencias asistenciales" y reclama una indemnización de 152.336 euros. La demanda aporta un informe pericial contundente de un prestigioso catedrático de medicina legal en el que se recuerda que la Clínica del Pilar Sant Jordi de Barcelona, donde ocurrieron los hechos, cuenta con los medios más cualificados para tratar esa dolencia. Sin embargo, añade que "la prestación dispensada al señor Ramos Barril fue inadecuada e insuficiente con respecto a las necesidades clínicas que tenía por su enfermedad cardiaca para posibilitar su sobrevivencia en caso de concurrir evolutivamente complicación de paro cardíaco". El hospital ha declinado hacer comentario alguno. Siempre ha defendido la actuación de sus médicos.
Los hechos se remontan a la tarde del 10 de diciembre de 2009, cuando Pere Ramos Barril ingresó de urgencia en la Clínica Sant Jordi con arritmia cardíaca que se traducía en 150 pulsaciones por minuto. El paciente pesaba 150 kilos. Tras las pruebas médicas, se le colocó una vía endovenosa y quedó ingresado y monitorizado. Como la arritmia no cesaba, al día siguiente se le practicó una cardioversión eléctrica, hasta que reaccionó. Hasta el día 12 a las 15.00 siguió en observación y dada su evolución favorable se le trasladó a una habitación. El médico que le atendió, Jordi Palet, le recomendó que caminara un poco por la habitación dado su buen estado.
Pero la situación se complicó el día 14. A las nueve de la mañana, Palet lo visitó y constató que presentaba una nueva arritmia que necesitaba otra cardioversión eléctrica o ablación de nódulo auricular. Pero decidió que no se le practicaría hasta el día siguiente y el enfermo permaneció en la habitación, sin suero ni oxígeno. El informe pericial de la demanda constata que "lo más prudente" hubiera sido volverle a aplicar el mismo tratamiento que había tenido días atrás "o al menos con disponibilidad de visores y/o alarmas telemáticas para control de enfermería a distancia".
Cuando concluyeron las visitas y el enfermo quedó solo en la habitación telefoneó a su hermana Marta y mantuvo con ella una "conversación dramática", según se dice en la demanda. La charla duró más de 10 minutos y la hermana "le oyó llorar y emitir ruidos que después ha asociado con los propios de momentos antes de morir". La mujer llamó inmediatamente al hospital a las 22.49 horas para alertar del estado de su hermano y después telefoneó de nuevo a recepción y le respondieron que estaban llamando a la habitación y que el paciente no contestaba. La mujer insistió con la planta y habló con las enfermeras. Después volvió a llamar y el recepcionista respondió que le estaban practicando un tratamiento a su hermano. Era falso. Hasta las 23.05 no apareció ningún médico por la habitación y fue para certificar la muerte del hombre, que estaba tendido en el suelo.
"A mi hijo lo dejaron morir, porque si lo hubieran atendido bien ahora estaría vivo", explica entre lágrimas Dolors Barril, de 69 años y madre del fallecido. "No hace falta ser médico para ver que no lo trataron bien. Yo pensaba que estaba en buenas manos, pero me he dado cuenta de que no", añade la mujer, para constatar su desazón porque los hechos ocurrieron en un hospital privado del que era mutualista.